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sábado, 20 de abril de 2013


¿POR QUÉ FUE BURLADO EL DIABLO?*

Por  Guillermo Martínez Rodríguez



En el pueblo de Huehuetla de la Sierra Norte de Puebla, existe una comunidad llamada Xilocoyo cuyo significado según apuntan algunas personas es Laberinto de Pericos, en alusión dicen a la abundancia de historias y cuentos que se transmiten entre campesinos en la lengua totonaca. Esta leyenda fue traducida originalmente al español por el señor Carlos Cárcamo de una manera oral, la escuchó entonces el profesor Arnulfo Gabriel García Bello quien trabajó como profesor en diversos pueblos de esta sierra y quien tuvo la fina atención de contármela  para que esta tradición oral  se convierta en una más de las leyendas escritas de nuestro estado de Puebla.

   Cuentan las personas que queman cal en Xilocoyo y la van a vender a Zacapoaxtla, que hace algunos años, allá por 1950, un día martes, no se sabe exactamente la fecha, iba un marchante con una carga de cal sobre su burro para venderla en el tianguis que se efectúa los días miércoles en la ciudad de Zacapoaxtla. Era aquel marchante un indígena pulcro, que vestía calzón cruzado  y camisa de manta, y sus pies, blancos por cierto, calzaban huaraches de pata de gallo.

    Venía pues el hombre y su burro bajando de La Cumbre, cuando al ir pasando por un paraje conocido como Paso del Tecolote, el burro se detuvo fatigado por lo cual el indígena , al corto andar dio alcance al animal y descubrió que a la orilla del camino se encontraba un hombre finamente vestido.

   El marchante se preguntó asi mismo quien sería aquel hombre vestido de forma tan antigua, que llevaba un bastón, usaba guantes, un sombrero de pelo y  una capa muy larga.Y lo peor de todo, por qué jijos de su mal dormir el burro ya no quería caminar, como si no supiera que había que llegar a buena hora a Zacapoaxtla, para buscar el mesón  pues si se les hacía tarde ya no iban a encontrar lugar donde comer y mucho menos donde dormir.

   Pensando en estas cosas el indígena se disponía a darle de varazos al pobre burro cuando escuchó que el hombre aquel le dijo estas palabras:

-          ¿Por qué no cruzas por el puente?
     El marchante escuchó aquella pregunta y mirando para todos lados  le contestó a aquel hombre:

-          Pues que me quieres ver la cara de tonto o qué ¿No ves que aquí no hay ningún puente? ¿No ves que si hubiera puente no tendría necesidad de caminar por este vado y me sería más fácil llegar a Zacapoaxtla?
-          ¿Y no te gustaría construir uno a cambio de mucha, muchísima plata?
 El indígena se rascó la cabeza extrañado. 
Resulta que para esto el hombre misterioso tuvo que identificarse como el diablo y le dijo al indígena que estaba dispuesto a darle todo tipo de riquezas si en un plazo de quince días lograba construir un puente, pero por el contrario si no lograba construirlo en el plazo señalado entonces perdería su alma.

   El marchante se quedó un rato pensativo pero después con mucha seguridad aceptó la oferta tentadora y   puso manos a la obra. Juntó la cal que llevaba para vender en el tianguis con la de otros marchantes que también iban a   venderla, empleó a esos hombres como albañiles y recolectando piedra en el río de Apulco y en la Cascada de la Olla empezaron a construir el puente.

   Así, al paso de los días el puente poco a poco  iba cobrando forma, no sin algunos contratiempos pues hacer tratos de ese tipo no es cosa muy legal  y no faltaba que el diablo tirara un puntal  o metiera la cola en la mezcla, por lo cual algunas cosas se tenían que hacer de nueva cuenta.

   Cuando faltaba cosa de dos días para que se venciera el plazo y considerando el diablo que el indígena no podría cumplir con terminar la obra y en cambio los infiernos crecerían demográficamente, el pingo, no hacía más que consultar su reloj y se complacía con el solo hecho de aparecer las sombras, ocasión que aprovechaba para salir de su escondite y burlarse del indígena  haciéndole notar que fallaría a su palabra.

   Cuando se cumplió el catorceavo día el diablo volvió a salir y le dijo al indígena:
-          Ahora si, si para mañana que caiga la oscuridad no me entregas el puente me llevaré tu alma. Pero si lo terminas antes de que termine el día cumpliré mi palabra.
-          ¿Puedo confiar en ti?- preguntó el indígena
-          Te doy mi palabra.
   El día que se cumplió el quinceavo día el indígena aun no terminaba con el puente, faltaba un pequeño detalle, cosa de varias horas. El diablo, cuando vio que empezaron a caer las sombras de la noche, salió de su escondite chiflando de contento pues el puente no estaba terminado. Estaba parado sobre el puente dándole vuelta a su cola con donaire, diciéndole al indígena que recogiera sus herramientas,  que limpiara su pala y su cuchara, ya que como veía había perdido y que le entregara su alma para llevársela de una vez por todas.

   En eso estaba cuando de repente, las sombras de la noche comenzaron a desaparecer y en su lugar, la luz del sol apareció nuevamente. Era un eclipse de sol que había dejado en penumbras a la tierra por un instante. El pobre diablo no lo sabía mientras que el indígena profundo observador de los astros sabía que ese día iba a ocurrir un eclipse.

   Así el indígena con el resto del día pudo concluir el puente antes de que la noche llegara por completo y el diablo no tuvo más remedio que entregarle las riquezas al marchante.

   De esta manera refiere esta leyenda que el diablo fue burlado y que en la actualidad existe un puente que algunas personas llaman El puente del diablo, situado allá por el Hostal Apulco y la finca denominada Santa María Tres Arroyos.

   Refiere también que para mayor deshonra  el diablillo aquel se fue a refugiar a una escuela pero ahora convertido en burro. Los niños que quisieron jugar con él, al ver que no tenía cola y tampoco tenía orejas, idearon convertirlo en un diablo que les diera miedo: como cuernos le metieron unos palos en los orificios de las orejas,  y como patas le amarraron una pata de pollo y una pata de chivo.

   Desde entonces se dice que el diablo no se ha vuelto  a aparecer por las escuelas, ya que es tanto el temor que les tiene a los niños, que prefiere aparecerse en sitios o parajes desolados, sobre todo en  lugares donde para beneficio de los pueblos, se pretenda construir una obra o algún puente.








·         Leyenda publicada en el libro Leyendas con Sabor a Puebla por el autor.


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